¿Por qué la ciencia ha dejado en segundo plano el cuerpo femenino?
Durante mucho tiempo, el cuerpo de las mujeres se ha entendido de forma fragmentada. Esto hace que muchas no identifiquen sus síntomas como parte de un mismo proceso, sino como problemas aislados. En consecuencia, acuden a distintos especialistas, interpretando cada malestar como independiente.
El médico de atención primaria, que debería ofrecer una visión global, a menudo se ve condicionado por la falta de tiempo y recursos. Esto favorece la derivación constante a especialistas y refuerza esa percepción fragmentada del cuerpo femenino.
Una ciencia construida desde lo masculino
Durante décadas, la investigación médica tomó el cuerpo masculino como modelo estándar. En los años 60 y 70, cuando se establecieron muchas de las dosis y protocolos actuales, las mujeres fueron excluidas de numerosos estudios con el argumento de evitar la "complejidad hormonal".
El ciclo menstrual se consideraba un obstáculo metodológico.
Las consecuencias de este enfoque fueron claras:
- Las dosis de referencia se calcularon en base a hombres.
- Los ensayos clínicos se realizaron principalmente con varones jóvenes y sanos.
- Los síntomas en mujeres pasaron a etiquetarse como inusuales o poco objetivos.
Hoy en día, seguimos viendo los efectos de estas decisiones.
El impacto de una ciencia incompleta
Este sesgo no pertenece sólo al pasado: sigue influyendo en la experiencia diaria de muchas mujeres.
Cuando un suplemento no contempla las fluctuaciones hormonales, su eficacia puede ser limitada o incluso contraproducente. Cuando los estudios no integran factores como el estrés prolongado o el descanso irregular, los protocolos resultan insuficientes.